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¿Cómo puede el ambiente afectar a mi asma?

SALUD | 31/03/2020
¿Cómo puede el ambiente afectar a mi asma?

Se estima que la incidencia del asma en niños oscila entre 8,2 y 15,7 casos por cada 1.000 personas/año; y en adultos, 5 casos por cada 1.000 mujeres y 4 casos por cada 1.000 hombres. La prevalencia de asma en España es del 4,9-14,9%. Entre los factores ambientales que afectan al asma, se encuentran los alérgenos respiratorios (neumoalérgenos) y los factores meteorológicos. A continuación se desglosará cada uno de estos dos aspectos.

Neumoalérgenos y asma

Los neumoalérgenos, también conocidos como aeroalérgenos, tienen un efecto o influencia directa sobre el desarrollo o empeoramiento de los síntomas asmáticos de los pacientes. Además, los cambios en el estilo de vida han provocado una mayor exposición de la población a los neumoalérgenos.

Dentro de los neumoalérgenos están los de interior y los de exterior. Los alérgenos de interior comprenden los ácaros, los hongos, las mascotas, las cucarachas y las endotoxinas de bacterias gramnegativas. Las endotoxinas de interior se sitúan en las mascotas, los humidificadores o en la basura de los domicilios. Aunque, por otro lado, se ha demostrado que la exposición a un amplio rango de agentes microbianos en hijos de granjeros conlleva un efecto protector para el desarrollo de asma.

En los últimos decenios existe una mayor exposición a alérgenos de interior debido a las características de las viviendas y edificios, tales como revestimientos, aislamientos, ventilaciones, calefacciones, etc., así como al mayor tiempo de estancia dentro de la vivienda que dedicamos. De hecho, parece que la sensibilización a aeroalérgenos de interior juega un papel más importante para el desarrollo del asma que la sensibilización a aeroalérgenos de exterior. Este hecho se correlaciona bien en adolescentes y niños, sobre todo con la sensibilización a ácaros y a gatos.

La exposición e inhalación de alérgenos domésticos, especialmente ácaros, es un factor de riesgo medioambiental muy importante para la sensibilización, el desarrollo y la gravedad del asma, sobretodo en niños. Del mismo modo, las intervenciones precoces de evitación a esta edad sobre las concentraciones de ácaros en los domicilios pueden disminuir el desarrollo posterior de asma.

Los epitelios de las mascotas son alérgenos de gran expansión, tanto dentro de los domicilios como en lugares públicos como parques o jardines. Las partículas alergénicas de los animales se adhieren fácilmente a la ropa y al cabello humano, siendo una fuente importante de dispersión.

Los alérgenos de exterior comprenden los hongos y los pólenes. Ciertos hongos ambientales, sobre todo de la especie Alternaria, son factores de riesgo para el desarrollo, la persistencia, las exacerbaciones y los ataques severos de asma, tanto en niños como en adultos, así como de ataques epidémicos de asma y visitas a urgencias.

Finalmente, dentro de los neumoalérgenos de exterior, las exacerbaciones de asma se han relacionado con las concentraciones de polen ambiental, siendo limitadas a periodos muy específicos del año, y claramente relacionadas con la ausencia de tratamiento de mantenimiento durante dichos periodos de polinización. De ahí la importancia de la utilización de la medicación durante días o semanas previos a los picos de polinización y su mantenimiento hasta el final del periodo.

Factores meteorológicos y asma

Aunque no queda claro aún el efecto directo de los factores meteorológicos sobre los pacientes asmáticos, parece que influyen de manera indirecta. Así, dentro de los factores meteorológicos destacan la presión barométrica, la temperatura, la humedad, la radiación ultravioleta y la pluviosidad.

Por un lado, los movimientos del aire, bien de causa barométrica, bien de causa térmica, provocan una diseminación de neumoalérgenos en el ambiente, favoreciendo su dispersión en la atmósfera. De hecho, las bajadas de presión barométrica en las ciudades provocan una mayor estancia de los pólenes y hongos a un nivel atmosférico más bajo, con un mayor tiempo de contacto con los pacientes asmáticos. Por otro lado, los cambios barométricos bruscos provocan un aumento de los síntomas asmáticos, estando más relacionados con las altas presiones que con las bajas.

En relación a los cambios de temperatura, éstos no sólo afectan a la cantidad de polen liberado al ambiente, sino también al calendario de polinización. De esta forma, los incrementos de temperatura en cualquier estación del año, tienen como consecuencia un avance en la época de polinización, con el consiguiente adelanto de los síntomas asmáticos y mayor consumo de medicación. Es un dato curioso a nivel térmico, que en las ciudades se adelanta la época de polinización respecto a las zonas rurales, debido al calentamiento urbano causado por las edificaciones muy próximas entre sí y los suelos de asfalto y cemento que no filtran los granos de polen.

Siguiendo con los factores térmicos, destacan los descensos bruscos de temperatura ambiental y ambientes gélidos como provocadores de exacerbaciones asmáticas. La inhalación de aire frío y seco, sobre todo durante el ejercicio físico o la hiperventilación, produce una pérdida de agua de la vía aérea hiperreactiva del paciente asmático, provocándole crisis de asma, descenso de la función pulmonar, aumento de las visitas a urgencias y posibles hospitalizaciones.  

La humedad ambiental afecta tanto a los neumoalérgenos de interior como a los de exterior. A mayor humedad dentro del ambiente de un domicilio habrá mayor concentración de ácaros y de hongos, y mayor riesgo de reagudización asmática en los pacientes alérgicos a los mismos. Y en los ambientes externos, en los días de niebla, se han descrito “epidemias” de crisis asmáticas al haber mayor saturación de vapor de agua en el ambiente y la consiguiente mayor concentración de esporas de hongos a los que los pacientes están sensibilizados. Estas crisis suelen estar provocadas cuando la humedad relativa del aire excede del 65%, como ocurre en zonas costeras o islas.

Otro factor importante es el derivado de las variaciones de los niveles de radiación ultravioleta y de pluviosidad, los cuales afectan al tipo de vegetación y a los niveles de polinización, alterando la intensidad de los síntomas en los pacientes con asma polínico. Por un lado, se ha observado que si el otoño precedente a la primavera, ha sido muy lluviosos, junto a un incremento de temperatura invernal, provocan que los síntomas asmáticos se adelantan bastante a sus fechas polínicas habituales.

Y por otro lado, en este sentido, se han descrito exacerbaciones asmáticas de carácter epidémico asociadas a las tormentas. Las tormentas asocian un descenso brusco de la presión y la temperatura atmosféricas, junto a un incremento de concentración de partículas alergénicas de polen y hongos. Además, conllevan corrientes de aire descendentes, que concentran en el suelo estos alérgenos. Es notorio que los pólenes pueden romperse con las gotas de agua, aumentando aún más su capacidad alergenizante. Hay que destacar que las tormentas, al igual que las sequías y los incendios, hacen que los granos de polen se hagan más resistentes a estas inclemencias externas (estrés ambiental) para, así, poder asegurar la descendencia de su especie, y este aumento de resistencia aumenta también la alergenicidad de los mismos.

En resumen, los pacientes asmáticos están expuestos a agentes ambientales que los sensibilizan y provocan síntomas, que, añadidos a los picos de exposición alergénica masiva motivados por diversas condiciones climatológicas o atmosféricas, pueden conducir a graves exacerbaciones clínicas, visitas a urgencias e, incluso, hospitalizaciones.

Dr. José Barbarroja Escudero, Servicio de Enfermedades del Sistema Inmune (ESI)-Alergia. Hospital Universitario Príncipe de Asturias.  Departamento de Medicina y Especialidades Médicas (Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, Universidad de Alcalá de Henares).

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